El Giro de Italia que valió un Tour de Francia

Cuando en 2014 Vincenzo Nibali ganó el Tour de Francia, ni siquiera los 7 minutos y 37 segundos que sacó al segundo clasificado, Jean-Christophe Péraud, sirvieron para callar las bocas de los que decían que si Contador y Froome no se hubieran caído, habría  n ganado al italiano. Así, durante aquel julio, Nibali tuvo que luchar contra rivales, contra la prensa y consigo mismo, atacando en lugares arriesgados y de manera innecesaria, solo para demostrar que habría sido el más fuerte. ¿Ha tenido que ganar este épico e inverosímil Giro ’16, frente a viento y marea, para que finalmente reconozcamos aquella victoria?

Vincenzo Nibali llora tras ganar la etapa 19 del Giro de Italia 2016. Imagen de la retransmisión de RTVE.
Vincenzo Nibali llora tras ganar la etapa 19 del Giro de Italia 2016.
Imagen de la retransmisión de RTVE.

Personalmente nunca llegué siquiera a pensar que el de Astana no fuera el justo ganador de aquel Tour ‘14. Para empezar porque ya se había mostrado superior a los demás en alguna etapa antes de que abandonaran sus dos máximos rivales (recuerdo aquella en la que fue el más fuerte en el pavé y muchos empezaron a pensar que ese podía ser su año). Pero sobre todo porque ni el español ni el británico pudieron cumplir el principio más elemental de este deporte: el de mantenerse encima de la bicicleta.

Por mucho que nos de pena ver al joven Kruijswijk desolado, ¿alguien duda de que no fue un error de concentración lo que le llevó a cometer un error tonto pero fatal en la trazada de una curva sencilla durante la bajada del Colle dell’Agnello? Seguramente, el hecho de verse tan fuerte en las subidas le hizo relajarse y pensar que este Giro sería para el mejor escalador, pero como siempre, los Giros son para los que conjugan mejor la fuerza, la inteligencia y el valor. Y aquí Vincenzo, aunque solo fuera por coraje y fe, le ganó de largo.

En parte me apena recordar aquel Tour ’14 en el que veías a Nibali atacarse a sí mismo, cuando ya sacaba una auténtica minutada al segundo, como desesperado por demostrar al mundo que estaba mejor que Froome y Contador. Algo parecido a lo que pasó a Alberto Contador en el Giro de 2011, cuando le metió otra minutada absurda a Michele Scarponi (entonces rival de Nibali) cuando luchaba para demostrar a la opinión pública que no necesitaba clembuterol para ganar una grande.

Pero por otro lado me emociona pensar en la grandeza de este deporte, en el que hay hombres que son capaces de sacar fuerzas de donde no las hay para pelear contra sí mismos, sin que eso les vaya a reportar un solo euro, sino solo porque así están más cerca de la gloria.

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